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mar 09

GALLO QUE NO REPITE NO ES GALLO

“No hay mejor cuña, que la del propio palo”

Expresión popular venezolana

En un artículo que escribí hace poco, en este mismo medio, exponía que el éxito obtenido en las elecciones primarias estuvo fuertemente condicionado, al cambio producido por los candidatos al presentar sus ideas a los electores.

El tono moderado, el desarrollo de los argumentos, las propuestas de cambios y la calidad de los debates, logró permear en el interés de los ciudadanos, descubriéndoles, a algunos de ellos, y recordándoles a otros, que existían formas de llamar a su atención, más allá de las promesas vacías, los gritos y las ofensas.

El premio a la utilización de esta perspectiva fue el de obtener una contundente respuesta en las urnas, lo cual nos hizo acreedores de un record mundial de participación en comicios de esta naturaleza. Los más de tres millones de votos conseguidos validaron esta opción y su significativa distribución, en la selección mayoritaria de una de las opciones presentadas, selló definitivamente, el mandato popular de mantenernos en el plano de las proposiciones y evitar las confrontaciones.

Otro aspecto destacado del enfoque en ese proceso de las primarias, y que también fue ratificado por las preferencias de los electores, fue el hecho de centrarse en los temas críticos de la gestión gubernamental, como base para las propuestas y no en las difusas consideraciones ideológicas que hubieran colocado el debate, en el terreno donde el adversario ha demostrado ser más fuerte.

Traigo a colación este tema, sobre lo atinado que ha sido la conducción de este primer paso, para llamar la atención sobre algunos aspectos que se deben considerar en la estrategia y el plan que debe guiar la campaña electoral para las presidenciales del 7-O.

Después de agotarnos, por mucho tiempo, en la creencia de que la aceptación a nuestras ofertas les iba llegar mejor a los venezolanos, si intentábamos parecernos o vendernos con los mismos atributos de quienes ostentan el poder, hemos ido encontrando un genuino terreno de lucha, el cual se basa, precisamente, en diferenciarnos. El agotamiento de la paciencia de los ciudadanos, producto de más de 13 años de esperanzas frustradas, ha abonado el terreno para que este rumbo se vea corroborado. La existencia de un infinito número de problemas sin resolver y frente a los cuales no se ven salidas, por parte de quienes hoy tienen la responsabilidad de emprenderlas, ha logrado que éstos sean el centro de la atención del electorado.

Siendo así, la sabiduría aconseja ahondar en ese camino, para mantener la sintonía con una población que hoy aparece mucho más dispuesta al cambio.  Es por ello que debemos dar un vuelco a la tradicional forma de pedir el apoyo nacional, combinando los necesarios ofrecimientos y promesas que acompañan a todas las campañas electorales, desde el lado del candidato, con el estímulo a la participación comunitaria en la generación de sus agendas de demandas sociales, en un movimiento de abajo hacia arriba, desde el lado de la población.

Si hacemos una revisión de los conceptos que definen a una campaña electoral, podremos notar una tendencia a identificarlas como un movimiento unidireccional que privilegia la posición de quienes optan o aspiran a esos puestos de representación popular. Así encontramos que:

“Una campaña política o campaña electoral es un esfuerzo organizado llevado a cabo para influir en la decisión de un proceso en un grupo”.

También hallamos que puede definirse como:

“el conjunto de actividades organizativas y comunicativas realizada por los candidatos y partidos que tienen como propósito captación de votos.”

Un poco más apegado a un intento bidireccional, pero sin lograrlo, identificamos nociones que apelan a la participación, pero terminan con un predominio de acciones que viajan en solo sentido:

“Las campañas electorales, en los países democráticos, buscan lograr la participación política del público a través del voto. Proporcionan al público información sobre el candidato, su postura ideológica, sus planes, programas y demás aspectos electorales” (cursivas nuestras)

De allí que en las formas habituales de llevar a cabo estas operaciones, siempre están presentes aspectos como la importancia de la imagen y el estilo del candidato como factor decisivo y de credibilidad de la percepción de los públicos. Su manejo se ha convertido una industria que comprende el trabajo de agencias e individuos creativos, empresas y organizaciones de relaciones públicas, mercadotecnia, publicidad, comunicación, estadísticas, etc. Esto explica, también, porque las campañas políticas se manejan, cada vez más, como campañas mediáticas o comerciales.

Venezuela no escapa a estos patrones, ni es nuestra intención abogar por abandonarlos radicalmente, sino, como hemos dicho antes, se debe combinar con la promoción o la incitación a que sea la gente el actor principal en la identificación de las necesidades sociales y que éstas retroalimentarán, el propio discurso y posteriormente su programa de gobierno de los candidatos.

Ciertamente esta orientación con un marcado atributo bidireccional puede parecer muy costosa (sobre todo en recursos de tiempo y de personas), pero, en las condiciones actuales de la política venezolana, su utilización puede proporcionar importantes beneficios: Afina y precisa el discurso electoral al estar basado en aspiraciones reales; crea una importante movilización de los vecinos que, usualmente, no se ven identificado con propuestas generales y vacías; y, genera un alto sentido de compromiso con las ideas que ellos mismos pusieron en movimiento.

Otro elemento favorable a esta modalidad de relación política, es que permite la construcción de redes sociales de apoyo a la propia gestión de los programas de gobierno, cuando estos se convierten en políticas públicas concretas, planes y presupuestos de obras y servicios. Es decir, transforma a un pueblo pasivo, en agente activo de sus propias soluciones y, a los gobernantes, les quita el pesado fardo tener que ser el único responsable por la ejecución de las grandes y pequeñas cosas que implican la conducción de un país. En resumen, esta nueva propuesta de vínculo entre el Estado y la Sociedad (desde el propio proceso electoral) genera una incalculable educación política, tan requerida para la reconstrucción actual del país y para su desarrollo futuro como nación.

El marco legal que ofrece la Constitución Nacional aprobada en el año 99 ha ampliado y profundizado los procesos de participación que ya venía garantizando la Constitución del ´61. La propia politización creada por el gobierno, que ahora vemos tan negativa, ha propiciado un tipo de ciudadano más atento, quienes  con las orientaciones debidas  y con resultados a la vista, se puede convertir rápidamente, en un poderoso agente de transformación positiva y de garante de la estabilidad democrática.

Este proceso de construcción de agendas sociales ya está ocurriendo en Venezuela. La mayoría de las organizaciones no gubernamentales (ONG´s) y los grupos de intereses (gremiales, sindicales, académicos, productivos, etc.), ya están activos en la caracterización de sus necesidades y en la determinación de sus aspiraciones. Tenemos referencia de organizaciones que han recorrido el país varias veces y que logrado levantar consensos alrededor de temas, de problemas o de oportunidades.

Solamente falta que el liderazgo nacional, estadal y local vuelva a escucharlos con la atención debida y comience a recoger esas propuestas que se están desarrollándose sin su participación. Que ese proceso de diálogo fructífero concluya (por ejemplo) en la reedición del proceso de descentralización, tan vilmente castigado por este gobierno. Pero no ya desde arriba, ni como una concesión graciosa de la política nacional, si no como el corolario de una actividad que ya se viene dando en las asociaciones de vecinos, en las mesas técnicas, en los comités de salud o de educación, en todos los lugares de reunión de muchos barrios y comunidades del país.

Invitamos a nuestra dirigencia democrática a prepararse para ganar las elecciones, pero, a la vez, para ganar a una mejor nación. Los problemas de gobernabilidad que ponían de relieve algunos de los candidatos presidenciales en las primarias, no desaparecieron porque sus opciones no fueron favorecidas. Siguen allí, y habrá que darles respuestas. Una de ellas es contar con una población informada, atenta, realmente participativa, que está dispuesta a defender, no solo un triunfo electoral, sino a comprometerse a proteger sus opciones de seguridad, trabajo, salud, educación, vivienda, ambiente, convivencia pacífica, derechos legales, propiedad, etc., porque han sido puestas por ellos en la escena política.

Juan B. González

Consultor en Políticas Públicas

jgonzal25@gmail.com

@jgonzal25

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