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mar 16

¿QUIÉN CONOCE A LA ABSTENCIÓN?

 

“Y cómo es él, en qué lugar se enamoró de ti,

a qué dedica el tiempo libre….”

José Luis perales

Cuando uno ve la distribución de los resultados electorales en el corte histórico de los últimos 10 años, no deja de sorprenderle la composición que resulta. La población del país se divide en tres grupos casi equivalentes de electores, en donde las fuerzas democráticas mantienen un lento y sostenido avance, con respecto al oficialismo, hasta colocarse ambos, en un incuestionable empate técnico.

 

Desde la contundente derrota de la unidad democrática en el año 2006, hasta su triunfo (por escaso margen) en las elecciones parlamentarias del 2010, la población electoral ha manifestado un progresivo abandono a las promesas gubernamentales, junto con un crecimiento (muy por debajo de esta caída), de las simpatías por las opciones del cambio. Y esto no es lo sorprendente.

Lo verdaderamente curioso es que el sector con mayor crecimiento relativo y que más capitaliza la pérdida del favoritismo oficial y el poco crecimiento de la oposición, ha sido la abstención. La abstención representa el otro tercio de los resultados históricos de estos diez años de elecciones. Es decir, concentra uno de cada tres electores y, es por ello, una fuerza decisiva para cualquiera de las aspiraciones de gobernar al país.

Este es un fenómeno que debe ser analizado con detenimiento, ya que, paradójicamente, se produce en un ambiente de altísima politización y de una gran polarización, lo cual haría suponer que la sociedad venezolana debería estar menos indiferente y más participativa en el debate electoral.

Pocos han sido los estudios y planteamientos sobre este interesante caso, lo cual constituye una deuda de nosotros los sociólogos, del los politólogos u otros analistas del tema. No se haya muchos escritos, ni abundan las referencias documentales acerca de las tipologías de la abstención. Lo que más hemos encontrado, en forma escrita y verbal, son calificativos que los definen como: Abstencionistas, No Alineados; Ni Ni, Apáticos, Indecisos, y para usted de contar. Mucho menos hemos encontrado escritos sobre las razones de su no participación en los comicios, ni sobre sus expectativas, intereses, etc. La ausencia de una manera de analizar y de comprender este fenómeno político, se ha convertido, acusación, recriminación y de culpabilización por parte de los factores en pugna, relacionadas con su responsabilidad, ante el país, por no mostrar su apoyo a ninguno de ellos.

Sin embargo, y ante la ausencia de mejores opiniones, se pueden explorar algunas explicaciones, las cuales colocan la mayor responsabilidad del lado de quienes los quieren atraer y no lo han conseguido, y de las formas en que intentan lograrlo. Una de esas aproximaciones (del lado democrático que es el que nos interesa), está relacionada con el tipo de mensaje emitido desde allí, el cual durante mucho tiempo se vio atrapado en la confrontación con el discurso oficial, siendo percibido por ese grupo, simplemente, como una pelea por el poder en donde ellos no se veían representados. Cuando se cambiaron los temas del discurso opositor hacía los grandes problemas nacionales, la correlación de fuerzas comenzó una lenta variación.

Sin embargo, sería muy simple tomar esto como única causa explicativa del fenómeno, sobretodo si consideramos que no ha tenido un efecto real en la disminución de la abstención. Lo único es que ha señalado un camino, el cual debe ampliarse y profundizarse.

Se me ocurre que una opción, en este sentido, pudiera ser, la de desagregar esa problemática por sus áreas de relación y construir los puentes que los conecten entre ellos y así demostrar que nos afectan a todos (indistintamente nuestra ubicación política). Haciendo ver, claramente, lo que se oculta por su intensa rotación en los medios de comunicación, en donde se presentan a diario, aislados del contexto en donde se producen, y sobretodo, sin dar a conocer sus repercusiones en nuestras vidas, lo cual nos deja, casi, sin la posibilidad de digerirlo, mucho menos de prepararnos para enfrentarlos.

Otro medio sería, como ya lo sugerí en un artículo pasado, el estímulo a la construcción de agendas locales, en donde los niveles y las particularidades de los problemas expuestos, llamaría la atención y haría conexión inmediata con la gente que los padece (incluyendo a quienes no participan). Estas agendas, se constituirían rápidamente en parte de los programas de los candidatos para cargos de representación popular en todos los niveles de gobierno. Es por allí por donde creo que pueden ir los tiros, si asumimos que uno los motivos de la abstención, es la lejanía entre el discurso político y los intereses más cercanos de estos votantes.   

Tomando como buena esta tesis de la eficacia de la conexión entre el discurso político y los intereses de los abstencionistas para producir su motivación y su movilización, vamos a escoger un tema para tratar de ejemplificar esta propuesta de vínculo con este mundo de la abstención.

Cuando recibimos las noticias vinculadas al tema de la alimentación (por ejemplo), se nos presentan de manera aislada. Un día es el asalto a las propiedades agrícolas: productores, fincas, centrales, etc., ya sean éstas de ganado, pollos, leche, cereales, tubérculos, frutas, etc. Al siguiente, les toca ser noticia a las empresas que producen insumos para esta actividad (caso emblemático el de Agro Isleña); y así, la sustitución de la producción nacional por las importaciones de todo tipo; el ataque a la distribución y el control de precios de los alimentos.

Estas informaciones presentadas así, tienen repercusiones y generan posiciones en los sectores más politizados del país. Los pro-gubernamental esgrimen toda clase de explicaciones que justifican la ocurrencia de cada uno de estos hechos, amparándolos o justificándolos en una supuesta necesidad de enfrentar a la propiedad privada, para la protección al pueblo; mientras que los de la oposición manifiestan opiniones críticas, pero de manera puntual, sobre cada uno de ellos, concentrándose en el ataque a las políticas que los producen, aludiendo ignorancia de quienes las diseñan y ejecutan, o, criticando las razones ideológicas que los motivan.

Lo que no ocurre casi nunca es que nuestros líderes y analistas, se eleven un poco por encima de la inmediatez y del impacto relativo de la noticia y logren hilvanar un argumento que establezca las relaciones entre ésta y las otras que tuvieron, también su momento estelar, con las consecuencias y los padecimientos que ellas traen al común de los venezolanos (incluidos los abstencionistas, por supuesto).   

El abstencionista, considerado como un sector mucho menos politizado, y en algunos casos, acusado de indiferente, poco atento, hastiado y hasta reactivo, ante el bombardeo de la información, la rapidez de su ocurrencia y su dispersión temática, no logra producir la vinculación de estos hechos. Puede ser que los perciba como de carácter momentáneo, puede establecerles una raíz  económica y hasta sus connotaciones políticas y sociales, pero hay algo que les impide dar el salto a electores activos, en agentes de cambio de esa realidad que los afecta.

A partir de aquí podemos decir que tenemos algunas cosas claras en medio de la gran oscuridad que rodean las causas que motivan a la abstención. Sabemos que, por lo menos, para algunos de ellos la razón está asociada con la falta de vínculos entre lo que se dice, del lado de la política y lo que se espera que se diga, del lado de sus intereses. Esa razón nos habla de su incapacidad de urdir o enhebrar el caudal de la información diaria en un discurso integral que conecte entre sus causas y consecuencias; que los explique y que produzca respuestas para entender y enfrentar los problemas. Esa es la función del político y a eso apostamos en la conquista de ese significativo espacio electoral.

Informaciones como las del caso Agro Patria, en la que escuchamos a nuestros productores del campo quejarse amargamente de la imposibilidad de sembrar las papas este año, porque las semillas no llegaron a tiempo, debe ser tomado por la dirigencia nacional, y, rápidamente, “conectado” con los problemas de escasez y su consecuente alto costo de la vida, como un castigo para todos por igual; Conectado con la confiscación y el quiebre de la producción agrícola y alimenticia nacional que, junto con el caso de la falta de insumos, nos lleva a padecer problemas de abastecimiento; Conectado con el caso de las importaciones, que se han convertido en la fuente de pérdida de los alimentos por fallas en su adquisición (compra a punto de vencerse), fallas en su almacenaje (pudrición de los alimentos por malas condiciones de refrigeración, fallas en su distribución (alimentos que se pierden en patios de puertos y aeropuertos y que no llegan a su consumidor final), y la gran corrupción a todos los niveles por el tráfico con los dólares preferenciales; Conectado con la pérdida de los empleos del campo a causa de las presiones fiscales y los controles de precios que hacen no rentable la producción y ocasiona el cierre de las empresas. Y así, sucesivamente, con un lenguaje claro y sencillo, estableciendo las conexiones reales, con la mirada puesta en el interés de la gente, iremos adecuando nuestra comunicación a partir de escuchar, atentamente, a los mensajes de la realidad y devolver la información reelaborada en los mejores términos de aprendizaje y desarrollo ciudadano.

Juan B. González

Consultor en Políticas Públicas

jgonzal25@gmail.com

@jgonzal25

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