■ Transexuales viven entre el anonimato y la discriminación.
■ La abogada Tamara Adrián dice que estas personas no tienen otra opción de vida en Venezuela.
■ En la morgue de Bello Monte todavía está el cadáver de “la Dominicana”, asesinada en la avenida Libertador.
La cuarta víctima atacada a tiros en lo que va de año
Jesús Nazareth Rondón, de 24 años y transexual, compartía con un grupo de amigas en la avenida Libertador, justo a la altura del sector Los Jabillos.
Allí disfrutaban de unos tragos hasta pasadas las 2 y media de la mañana. Una compañera, conocida como Brenda, se alejó unos minutos para comprar licor y continuar con la reunión. Pero al llegar, Jesús Nazareth ya no estaba.
A él lo conocían como “Samantha” y, según dijeron algunos allegados, un vehículo se acercó al lugar y se lo llevó secuestrado. No supieron más nada, solo empezaron a llamarlo por teléfono desesperadamente hasta que un hombre atendió.
“Me dijo que era funcionario del Cicpc y que habían matado a mi amiga (refriéndose a Jesús Nazareth). Que tenían el cadáver en una calle de Coche. Yo no creía eso y me imaginé que era una trampa, hasta que me describió la vestimenta que cargaba”, relató Brenda.
La víctima recibió seis impactos de bala. Le robaron una cadena, pulseras, la cartera y tres mil bolívares en efectivo.
“Cargaba toda esa plata y por eso la mataron. Es injusto que le hayan hecho eso”, destacó la amiga del fallecido.
Jesús Nazareth era oriundo de Margarita. Tenía varios meses viviendo en Caracas, en una pensión de la avenida San Martín. Allí compartía con Brenda y se dedicaba a las labores estéticas. “Era como mi hermana, siempre estábamos juntas para todo. Lo que pido es justicia para nuestro gremio, porque siempre nos atacan sin sentido”, destacó Brenda.
Explicó, además, que no era la primera vez que Jesús Nazareth era golpeado. Cuando salía de su trabajo lo atacaban por su condición de transgénero.
Conocidos llegaron a la morgue de Bello Monte para gestionar la entrega del cadáver, que sería trasladado al estado Nueva Esparta. Allí, Yonatan Matheus, director de la asociación civil Venezuela Diversa, explicó que en lo que va de año, cuatro transexuales han sido asesinados en Caracas.
Ante esto, solicitó al Gobierno Nacional a que garantice los derechos de este grupo de personas, pues considera que están siendo vulnerados con frecuencia, sin que haya protección legal cuando se denuncian este tipo de hechos violentos.
“Estamos muy preocupados por la situación. Cuatro transgéneros han sido asesinados y hasta la fecha solo hay una persona detenida. Hace falta mayor compromiso por parte del Estado, porque son seres humanos que tienen derechos a una vida libre de violencia”, dijo.
Recordó que el 30 de abril fueron asesinados en la avenida Libertador dos transexuales conocidos como Rubí y Samantha. El cadáver de esta última, quien era de origen dominicano, todavía permanece en la morgue de Bello Monte.
Luego, el 13 de mayo ultimaron a puñaladas a Luis Alberto Bravo, de 18 años, conocido como “Luisa”. Fue atacado frente al hotel Dallas en El Rosal. Hay un detenido por ello.
La Historia de Rubí
La Dominicana todavía está en los sótanos de la morgue de Bello Monte , uno de los dos transexuales asesinados al frente de las residencias Pórtico del Este, en la avenida Libertador, donde trabajaban.
Esta persona no corrió con la misma suerte que Enderson Jesús López Bianconi, de 17 años de edad, conocido en los predios donde trabajaba como Rubí, que cinco días después de su muerte fue identificado por los familiares y trasladado a su tierra natal, en Yaritagua, donde fue sepultado.
Las trabajadoras sexuales prefieren trabajar agrupadas para protegerse entre todas.
En el caso de Rubí, la familia se enteró gracias a que una de sus compañeras de trabajo los llamó para contarles lo que le había ocurrido. Sin embargo, entre las trabajadoras sexuales de la avenida Libertador ninguna supo dar mayores detalles de “la Dominicana”, cuya única seña particular es que tenía aproximadamente 39 años de edad.
Por lo general, entre los transexuales que trabajan en esa zona de Caracas el anonimato forma parte de sus vidas, pues aunque entre ellos se protegen y existe cierta camaradería no suele haber suficiente confianza para intercambiar información de los familiares e incluso para conocer sus nombres verdaderos. No tienen reglas establecidas, pero hay normas tácitas de convivencia entre ellos.
Derecho a la identidad:
Tamara Adrián, abogada defensora de los derechos de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales, explicó que el problema de identidad es uno de los que más afecta a estas comunidades, pues en el país no existen leyes que los reconozcan: “No hay políticas públicas dirigidas a ellos. Por lo general, son personas que se dedican a la prostitución porque no tienen alternativa de vida y nadie les da trabajo. Eso fomenta las redes de explotación, porque son los grupos de personas más vulnerables de la sociedad”.
José Monque, ex coordinador nacional de Ciencias Forenses del Cicpc, señaló que en el caso de los crímenes contra los transexuales el proceso de identificación es exactamente igual al de cualquier ciudadano: “Están sus registros dactilares y aunque se hayan cambiado el sexo y se hayan hecho múltiples transformaciones siempre habrá señas particulares que permitirán identificarlos, a menos que sean extranjeros y sea necesaria una investigación con otro país para el registro dactilar”.
En el caso de “la Dominicana” se presume que sea una persona extranjera, por lo que la ONG Venezuela Diversa gestiona la entrega del cadáver por lo menos para sepultarlo, pues si no logran identificarlo su destino será La Peste, en el Cementerio General del Sur.
Polichacao recorre los límites con el municipio Libertador para evitar que trabajen en la zona.
Vergüenza y discriminación:
Adriana Almeida tiene 22 años de edad. Desde hace cinco meses mercadea su cuerpo en la avenida Libertador, pero un año antes comenzó a hacerlo en Los Teques. Asegura que se vino a Caracas por el acoso de la Guardia Nacional, pero es consciente de que en la capital hay otros riesgos intrínsecos con su condición de transexual y prostituta.
“¿Tu crees que a mí me gusta estar aquí todas las noches pasando frío y con miedo de que algún cliente me haga algo? Pero, ¿cómo hacemos para vivir?, he intentado conseguir trabajo como cajera en supermercados o en zapaterías, pero nadie me emplea. Nosotras necesitamos mucho dinero para invertirlo en nuestro cuerpo”, dijo Almeida, mientras esperaba la llegada del primer cliente de la noche.
Como ella, por lo menos una docena más merodeaba la avenida ataviada con diminutos vestidos y prendas íntimas que dejan a la imaginación apenas la duda sobre sus sexos.
Unas cuadras más arriba de donde trabaja Adriana estaba Estefanía. Ella tiene 16 años de edad y desde hace tres trabaja en las calles de Caracas.
Toda su familia está en Trujillo y piensan que labora en un bingo.
En su cuerpo tiene marcas que le recuerdan a diario lo peligroso que resulta para un transexual ejercer la prostitución en las calles. Hace un par de meses otros transgénero le dieron tres puñaladas en una pelea.
“Una aquí aprende de todo, y mientras trabaja tiene que estar con ojos por todos lados, pendiente de los policías, de las mismas putas y de los conductores que pasan y lanzan piedras, botellas o lo que les provoque, pero al final trabajamos para vivir”, dijo la adolescente.
Entre miércoles y sábado de cada semana, los transexuales recorren los callejones de la avenida Libertador sorteándose entre la policía, los clientes y los extorsionadores.
Extorsiones:
La muerte Rubí, “la Dominicana” y Luis Alberto Bravo, de 18 años de edad, transexual conocido como Luisa, sacó a relucir uno de los mayores problemas de la prostitución en la noche caraqueña, cuando el Cicpc detuvo a un adolescente de 17 años de edad y a Ernis Rodríguez, de 27 años de edad, conocido como “la Prince”, señalados de ser los presuntos responsables de estos tres crímenes.
De acuerdo con la información policial, estas dos personas les cobraban a los trabajadores sexuales de la avenida Libertador por permitirles ofrecer sus servicios en ese lugar.
“Por ahora estamos tranquilas porque atraparon a la madre y a la hija como se hacían llamar, pero por ahí queda una del grupo.
A Rubí y a las otras las mataron porque se negaban a pagar. Normalmente nos cobran entre 200 y 500 bolívares por noche y los feriados nos piden más”, confesó uno de los transexuales, que pidió mantener en reserva su nombre.
Pero además, quienes se dedican a la prostitución en la avenida Libertador denuncian que son explotadas por la Guardia Nacional.
“Los verdes están pendientes de tomarles fotos a los carros de los clientes cuando uno se monta para después extorsionarlos, diciéndoles que le mostrarán esas fotos a sus mujeres. Eso también nos perjudica porque los clientes no se paran”, reclamó otra trabajadora sexual.
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