Omar Antonio Rodríguez, de 38 años, fue hallado muerto ayer al mediodía por su progenitora. Su cuerpo permanecía sobre el suelo, justo al lado de su cama. Estaba golpeado y degollado; una sábana cubierta de sangre arropaba su cabeza.
Funcionarios de la Policía científica llegaron una hora después de conocer la noticia al callejón El Progreso del barrio Falcón, en Ciudad Ojeda. Levantarían el cadáver y recogerían las evidencias para dar con los culpables del crimen. La víctima no tenía antecedentes penales; sin embargo, no descartan ninguna hipótesis en el hecho.
Sus parientes denunciaron que hace una semana el hombre compartía con un grupo de amigos y al parecer uno de ellos le robó un celular Blackberry. Rodríguez insistió en que se lo devolvieran, pero no hicieron caso. Entonces tomó la decisión de denunciar el delito ante los funcionarios del cuerpo detectivesco.
Su hermana María Rodríguez señaló que desde ese momento empezaron las amenazas. Lo llamaban para amenazarlo de muerte si no retiraba la denuncia ante el organismo de seguridad; sin embargo, no hizo caso a la advertencia.
Drama
En horas de la mañana de ayer la madre del infortunado pasó por el frente de la vivienda de su hijo, lugar en el que hace al menos dos años vivía alquilado. Las puertas y ventanas de la casa permanecían abiertas y el televisor encendido a todo volumen, pero no pasó a saludarlo.
Al mediodía una vez más revivió el escenario; su instinto materno le decía que algo malo ocurría dentro. Al ingresar al lugar pensó que la casa estaba sola y el décimo de sus 12 hijos fue visitado por el hampa común, pero no fue así; al entrar a la habitación se percató de que al lado de la cama yacía sin vida. De inmediato llamaron a los organismos de seguridad.
En medio de conmoción, el llanto, los gritos y el desespero, el hombre fue sacado por los uniformados y trasladado a la morgue del Hospital General de Cabimas para hacerle la necropsia de ley. “Era un hombre sano, trabajador y colaborador con los vecinos; es increíble que lo hayan matado así; deben encontrar a los culpables de su asesinato”, manifestó un habitante del barrio.
Omar Antonio Rodríguez, de 38 años. Laboraba en la Alcaldía de Lagunillas y por las noches atendía un puesto de comida rápida cerca de su vivienda. No dejó hijos.


