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ago 17

Juan B. González: Una deuda humillante que se puede evitar

“Sé firme como una torre, cuya cúspide no se

doblega jamás al embate de los tiempos.”

Dante Alighieri

Recientemente supe de un familiar muy querido que había dejado de sopesar sus opciones políticas, porque de acuerdo con su nueva situación, debía decidirse por aquella que le  garantizara su continuidad en un trabajo que daba inicio a vida profesional. Lo lamentable del caso es que esta persona es un profesional joven, muy joven y acaba de obtener su primer empleo, producto de su talento y de su esfuerzo, pero que, desde ya, le habría de generar una deuda de conciencia que le sería muy difícil de pagar.

Como muchos otros jóvenes que dejan de barajar libremente sus preferencias y terminan atrapados en esta humillante deuda y sus demoledores intereses, ahora ya vemos a los nuestros iniciarse en estos tortuosos caminos, en el momento en que deberían prevalecer sus aspiraciones, su libertad y su valentía.

Lamentablemente, ya se ha hecho común para muchos venezolanos creer que las posibilidades que nuestro país les ofrece, le pertenecen a una parcialidad política, a una ideología, o peor aún a una persona. Se han venido acostumbrando a que sea natural o necesario ceder ante la presión y el chantaje, que les hace hipotecar de entrada sus convicciones y no los vemos reaccionar, oportunamente, ni negarse a transitar por el mismo destino que ya alcanzó a muchos venezolanos. Un destino que no tiene sorpresas, sino ignominia, un destino lleno de oprobio, que los hunde paulatinamente, desde su primer intercambio con la vida como adulto.

Después de adquirida la deuda, la primera cuota comprometerá sus juicios profesionales para ponerlos al servicio de los intereses del partido, de las “ordenes de arriba” o de las ansias de poder y de riquezas, de quienes tienen una posición política o burocrática superior a la suya. Los conocimientos técnicos y las destrezas metódicamente aprendidas en su tránsito universitario, van cediendo rápidamente su espacio y comienzan a chocar contra irracionales paredes llenas de contradicciones y vaivenes, de absurdos e incompetencias. El juicio científico y el deseo combinado de progreso personal junto con una contribución para el país, se transforman en la astucia necesaria para sobrevivir. Casos como el del río Guarapiche, ilustra muy bien la tensión entre lo técnico y lo político a los que están sujetos y los resultados señalan, claramente, como se determina el ganador.

Presos de un guión que no les ofrece salidas aparentes, una segunda cuota se pagará con su “voluntaria” obligación de asistir a las manifestaciones y actos oficiales. Despojados de su albedrío y justificando su propia vergüenza, se ven persuadidos a pasar por el ritual completo de la sujeción: ponerse la camisa roja, aceptar el ofensivo pase de lista, vocear consignas viejas y cargar pancartas que encarnan promesas huecas, van a ser su sino. Ver que nunca serán realizadas y que jamás podrán volverse símbolos de bienestar para el pueblo a quienes van dirigidas serán las cargas de una pesada culpa que irán acumulando. La formación militar de los funcionarios de los organismos públicos el 5 de julio, nos dejó el amargo sabor de la dominación castrense sobre la vida civil, en la mejor tradición de las peores dictaduras.

En adelante la deuda se desgranará en pagos deshonrosos y sucesivos, los cuales comprenderán los necesarios acomodos para lograr los ascensos en sus cargos, las infaltables complicidades con los jefes de turno para resolverse lo del carro, las anuencias en los pequeños entuertos para asegurarse el 18 años de los viernes, la abierta desviación de fondos para hacerse con el apartamentico, hasta llegar a las grandes ligas de la corrupción y, será ese el momento, cuando sientan que las posibilidades de regreso se les van haciendo tarde.

Sin embargo, lo bueno de lo malo que están las cosas, es que ya el sistema no aguanta tanto desarreglo, para muchos de estos jóvenes, las posibilidades de recorrer toda esta cadena de degradaciones está tocando a su fin. La propia corrupción, asociada con la incapacidad, ha generado las contradicciones que hacen tambalear su continuidad y para aquellos que pudieron resguardar un poco de su condición moral, la vida les puede ofrecer una segunda oportunidad.

Se auguran días en donde va a prevalecer el empleo de calidad, producto del concurso abierto de las capacidades, se prometen momentos en los que las inversiones de las empresas privadas y los cargos públicos van a tener que proponer extraordinarias condiciones de trabajo para que nuestros jóvenes talentos no se decidan por las iniciativas propias. Vienen grandes oportunidades de progreso social, y es por ello que los invitamos a resistir, a tener el coraje de aguantar las tentaciones del camino, de la veredita aparentemente fácil. De no ceder al espejismo de un confort que al final pesa mucho. De esperar por los cambios que están por venir.

Juan B. González

Consultor de Políticas Públicas

jgonzal25@gmail.com

@jgonzal25 

Y así termina con una tristeza inexplicable y con una rabia contra todo…

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